Inventario de una expedición

Reinaldo García Blanco

Nosotros los del 62

Llueve
siempre ha llovido sobre el piso
lugar por el que pasaron los fusilados
como una metáfora alucinante

Solos
y quietos mientras cae el agua en la nación
y sin frutas
o deseos de asirnos por los parques y fallecer, nosotros, los del 62, asistimos a la caída de las estatuas, a ciento ochenta grados de fervor. Se han acumulado las músicas que nuestros hermanos mayores escuchaban luego de las tapias y el vecino de los altos mira con cierta ironía las fotos a la sombra de los abedules. Ahora son otras las canciones tiradas al silencio como una ropa empolvada tras los cristales de los comercios.
Morir por la patria es vivir y tan lindo como besarse en la Alameda. O saltar de un lado a otro y que la almendra se vaya por el césped y no seas multado pues quien sabe si el Che también arrancó un gladiolo y miraba despacio los pechos de su mujer, y nosotros, los del 62, queríamos el espejo y el furgón y ahora cae el agua en el inmenso ajedrez, pobres alfiles míos, notables perdedores frente al tiempo y la Plaza Roja.
Nada más triste que un padre sin argumento. Y en mi casa muchos evitan los noticieros y Berlín es un minúsculo sonido y fotos de un Papá Noel para envidias de una prohibida navidad ahora que es media noche en el país y en la televisión, nosotros, los del 62, cantamos al unísono a las armas valientes corred...



Pequeña oda al Niágara

Ayer
en el jardín botánico
me enseñaron qué era un ciprés
y me acordé del lago
en el que navegaba la barca de la luna
al impulso de sus callados remeros
y me puse a llorar como Heredia
frente a las cataratas
a llorar extranjeramente triste
en el jardín botánico
a la sombra de un ciprés.
El peso de la isla

Mira quién levanta su mano
y ordena los caballos sobre el rostro
ordena este silencio
este murmullo

Han cercenado un municipio
lo han dejado sin agua
sin los tigres del amanecer

Me pongo a cantar el himno de la alegría
me siento en el quicio de la puerta
a ver pasar el cadáver de mi enemigo

Quiero respirar
y no me deja la piscuala

Quiero sacar la lengua
y la provincia me detiene

Pongo los abismos a mis pies
¿Quién reza por mí?



Oh, tempora, oh mores

Yo
como Borges
te puedo ofrecer
la amargura de haber mirado largamente a la luna solitaria
darte estos silencios en los que me ocupo para no regresar al polvo
Tengo a mano la rémora
que no permite cortarme las venas
saltar al vacío
pedir limosnas
Yo
como Poncio Pilatos
estoy destinado a lavarme las manos
mirar por encima del hombro al horizonte
mordisquear esta madera que no es tabla de salvación
que no es algo que divide
que no es el agridulce de la memoria
Esto es parte de lo que tengo y doy
largas caminatas
pocas novias
un eclipse
un amigo inventado
una vez al lado del mar ciego y leve
Eso es
otro mortal más que mortifica tu vida
y lame la sal de tus pechos
y se acuesta y tiene pesadillas
y se acoge a la diáspora del aire
y se queda en silencio
y escribe
y muere
y se despierta para ofrecerte las vísceras
como Dios manda.



Poema para estrenar una camisa blanca

La trajo Pierre de Haití
sin más preámbulo que regalar una camisa

Me asomé a la patria
en la mitad de un mes es decir en la canina
y fui por un desayuno nada estatal
con mi camisa blanca

Pasan tres marineros hablando solos
de esos que llegan al puerto de Santiago de Cuba
besan y se van

Ahí voy yo con mi camisa blanca
con la patria por delante
y todo arde
se cocina
a fuego lento
las viandas de los noticieros

La trajo Pierre de Haití
y todos me elogian
cuando tengo un azul que flota a mis espaldas.



Animal común

He dejado de ir a la Iglesia
y me pongo a regar el jardín en las tardecitas

No recibo cartas que me hablen de la niebla
o de los papalotes encima de los cordeles

Subo
y bajo unas escaleras que no me llevan al cielo

Debo revisar mi cuenta bancaria
quitar el lodo de la puerta
comprar un espejo

Dios sabe estas cosas
y vuelvo al jardín
y tengo miedo.



Ordalías de marzo

Wuiliam Blake cruzó la mano derecha sobre el pecho
y las palomas que dibujaba su mujer se posaron en la ventana

Afuera una lluvia fina modelaba los jarrones
las meretrices se desnudaban
y las muchachas untaban de azogue los espejos

Wuiliam Blake no tenía sombrero
y por las tardes rezaba y escribía poemas
junto al hornillo del patio

Ana Karenina llora por el mozo del ferrocarril
Ofelia cae de bruces
y Eduardo V cierra las puertas por el frío

Todo esto era en marzo, a la misma hora

Al otro lado del mundo
José María Heredia entonaba una canción
y nadie le escuchaba

Marcial Lorenzo sembraba unas begonias
y Patricia Monteverde atravesaba la ciudad de La Paz

Los gorriones comenzaron a cagar las estatuas de los próceres
justo al terminar la tarde

Wuiliam Blake está detenido en el horizonte
y parece tener una mano en el pecho.



Vacas con un mar de fondo

Están ahí. Recostadas sobre el borde azul. Yo las veo. Las dibujo con una mano y con la otra les digo que volveré. Están ahí. Vacas que Dios dispone entre la sal y el resplandor. Ellas se hunden muy despacio en el mar y flotan y mugen y los monteros que saben la costa, los declives, vienen en caballos oscuros y el sol calienta los cráneos. Están ahí breves y concisas como tortugas en fuga. Yo las veo, las dibujo, les digo adiós vacas con mar de fondo mar de Manzanillo, vacas f-1 a litro por tetas vacas que Dios dispone entre la sal y el resplandor.



Foto de familia

Teníamos un aljibe
y más paciencia para buscar en el mapamundi
un lugar llamado Kosovo

Teníamos el reino
y la lealtad

No había un escudo
alguien que regara las plantas del jardín
y jugara con los niños del vecino

Eso fue.



Mi padre bebe té con bergamota y no sabe…

Mi padre bebe té con bergamota
y no sabe que febrero será el mes más cruel

Lo miro detenerse en esos círculos de sangre
en esa música del orine
en la rauda caída de las estatuas

Mi padre bebe té con bergamota
y hace mutis por el ácido
por las esferas azules que acomodo a sus pies

Yo también me asomo a esos abismos
y voy por sábanas limpias
y le digo adiós a las bestias
me acomodo en la heredad
en el azar

Mi padre bebe té con bergamota
y no sabe que muy pronto el esparto
hará de las suyas encima de los huesos
y yo beberé un coñac a su memoria

Salgo a caminar la ciudad
y todo es ámbar
todo es niebla
y por mi lado pasa un galán con enterradores
y quiero llorar por esa oscura vecindad

Mi padre bebe té con bergamota
y palidece
me habla de los sótanos
me pide que la traiga cerezas de Santiago de Cuba
y yo pronuncio como un santo la palabra Adelfa.



Lo dice Kafka

Los besos que se escriben no llegan a destino
son absorbidos en el camino por los fantasmas

No lo he dicho yo

Lo dice Kafka en una carta a Milena

Ahora es octubre
y no hay tisanas ni sobrenombres para poner al fuego
breves artificios para inventar la felicidad

He aquí la paradoja:
la maldita circunstancia del agua por ninguna parte
nos ahoga, nos quita militancia
nos vuelve estibadores de cuatro pisos

Es Octubre y tus Elementales me acorralan
quieren quitarme el salario
me niegan los gatos
atrasan relojes

Es por ello que no te escribo besos
los dejo muy despacio en los libros
en las enaguas del aire

No lo he dicho yo

Lo dice Kafka en una carta a Milena.



Oh , René López que pasáis en la alta noche por la azul epidermis de los mares

Pólvora o cianuro
no importa

El cielo divide las penurias
mutila las músicas que llegan
deja su marca de agua

Ha venido a instalarse la consternación
la hipodérmica entra despacio
los cristales de sal en la boca de los perros
el hueco de una escalera que llama y vuelve a llamar

Discurso de Dios
febrero cruel
casitas de madera al Centro de la Nada

Oh René López que pasáis en la alta noche
por la azul epidermis de los mares
sean breves
regresen a la clara estancia de la vida.

Bienvenidos