Inventario de una expedición

René Coyra

3

en casa del poeta
mirando los dibujos de quienes fueron sus amigos
a la espera del café vienes
hecho con deseo pero sin los condimentos necesarios.
hombre que regresó de Europa, es decir
hombre que realmente regresó.

en casa del poeta
un viernes de todos los santos.
qué puedo ofrecerte
la palabra o la sombra de palabra
brizna de palabra, el resplandor del sonido
o el silencio del sonido.
la autofagia del sonido
o la palabra sin lustre sin sonido o conmiseración.

en Zapopan me di el lujo de pagar 30 pesos
por un café aguado, y besar la lluvia
en la meta de un ciempiés
con muchos grados de alcohol en la cabeza.

la primera vez que tomé un buen café vienés
ocurrió en Matanzas
en casa de un poeta llamado
Alfredo Zaldivar.


5

un san Lázaro
y una virgen sobre un barco debajo de una carretilla
la virgen sobre un cake demasiado grande
para las proporciones de la carretilla.

le pedí a la imagen
que el hombre nos ofrecía.
deposité algo de dinero
la imagen no miraba
y podemos suponer certeramente
que no miraba a nadie.
la imagen debe sentirnos
como nosotros la suponemos
acaso cierta.

yo no pido nada
no exijo siquiera me perdone
le dejo algo de dinero
un poco del aliento que apenas poseo
y le digo: ¡usted sabe!


6

de lo que poseía de ti
nada queda, tal vez un olor
el sentido impreciso de tu respiración
la sombra de los árboles juntábase
se extraviaba en las cosas que fueron nuestras
árbol que cantaba,
un compás, un rito.

ya nada poseo
o sí,
el silencio de tu mano cortante
unos labios en cruz.


8

una rosa roja. nunca le regalé una rosa. en un principio si le hubiere regalado una rosa sería [hubiese sido] roja. primando la significación. el no haberle regalado una flor me produce cierta nostalgia, usted abre y cierra la verja, pero el gendarme entrará sin avisar. en lo adelante regalaré un girasol a la persona elegida. si pudiera escoger entre todas la deseada, le regalaría este. después de pagarle con gusto al vendedor [nadie se imagina el precio de un vendedor de flores bien apertrechado] me alejaría con modestia con mi girasol para usted, ciertamente…


10

castillos de arena
como los que venden en Coral Gable
en una tienda de utensilios de cocina
y juguetes para los muchachos
que mi padre me contó "que la gente vive
de vender cualquier cosa."

castillos construidos
en la arena como cuando éramos chiquillos
e intentábamos salvar al héroe
entre los muros de la fortaleza,
demasiado cerca del agua para no peligrar
demasiado cerca para no…
demasiado para no flagelarse
ante la mirada agónica y technicolor del cielo
demasiado cerca del agua,
pero en nuestra mente era mejor
en nuestra mente de niños,
la única que desde entonces poseemos.


habitación alquilada

me canso de vivir bajo trastes tan viejos.
el mes acaba y debo pagar el entrante
vigila la dueña como el testaferro
las paredes lechosas y agrias
la ventana no funciona
gotea la pluma siempre
el fisgón me ha visto fornicar
desde el maltrecho pomo de la puerta.

somos estas miserias y otras menos humanas.
palma de mi mano que no puede leerse ni herirme
luz matinal que no te despierta
sonido de la mañana que no es sonido
es sub-sonido, sordina.

en la ciudadela los vecinos
pronuncian palabras sencillas
que perturban el sueño
distancias, atributos que se utilizan para vivir
y cuestan tanto que nos conducen a la miseria
discrepancias entre esta y aquella persona.

fuegos de artificio contra el fondo del cielo
hombres que marchan hacia el trabajo,
disimulan no creer en nada
buscan lo mismo que yo,
sin saberse poetas ni hombres cívicos
y el trabajo no les satisface
y el verano y del cielo el mismo color:
oscura perdiz que cruza la tarde
y estaba en un poema de Heredia
y en éste el instinto por la soledad.

hojas secas donde la lluvia medra
libros viejos amontonados
cerca de la colchoneta donde duermo
en el suelo, frío o ardiente
en dependencia de la estación del año.
ojos que no saben ya mirar
vigilia/dinero/navajas/
pedazos rotos de papel que son el poema
el principio y el fin del poema,
el suceso eterno del poema.

esquirlas de madera
dejándonos ver toda la miseria.
tendida mi alma en el cordel
junto a la ropa mal lavada,
vaho de mi alma.
no hagamos ruidos con nuestra inclemencia.
la noche en la mohosa luna
sangre de sus gatos bebiendo de mis entrañas
no dejan disfrutar los fuegos de artificio.


casa sobre el mercado. preparación de la mesa familiar

casa sobre el mercado
ojos púrpuras del transeúnte para que puedas ensayar
sobre la belleza de las cosas.
bajando el sucio cobertizo
que sirve para decir “vivir en La Habana...”
olor de frutas, imaginación y sentido del humor
de quien procura te decidas a comprar.

bajando del atolón
por la ruta que da a las arenas movedizas
sin poder obtener el indulto de la vida familiar.

el trabajo del poeta es el menos remunerado de todos
solemos sentarnos a la mesa cerca del té recién cocido.
hablamos del mundo y de las cosas idas
vamos del tilo a la hoja de naranja,
recomponemos las cosas que no tuvieron
ni tendrán solución fuera de nuestras mentes.

yo bajo del atolón con el libro abierto,
entro al mercado donde todo tiene su precio.
el vendedor intriga al transeúnte y al gendarme,
yo no tengo dinero para comprar y el vendedor me divierte;
propone su cuota de miseria
y el libro habla sobre su porción, la simula.
superficialmente toca, el libro, la miseria del vendedor.

fijamos nuestros juicios sobre lo que es moral
y todos
quisiéramos ser El Vendedor.

me divierte la señora con las bolsas de nylon
ella se pregunta por las mismas cosas cuando baja de su atolón.
los vaivenes de la luz a través de la ventana;
de otra forma, pero se interesa por las mismas cosas.
en ello los dadaístas son los más sabios:
«todo ser es susceptible a la poesía».
la luz en su continuo retroceso,
la ociosa mansedumbre del animal.

el vendedor enjuga su sonrisa
calcula la supuesta ganancia.
cada cual expone su arma:
nuestro cuchillo es la pobreza...


La vuelta a casa

con un flaco
en un bar
en La Habana.

desde la ventana la ciudad
brindaba su avaro contorno.
lamentable arquitectura de los altos
semejaba nuestra vida.
horcones de roída madera
por los otoños sucesivos
argamasa sobornable como sus habitantes.

sombras que pasaban
semejante a negros pájaros muertos.
gastaban lo que no poseían
pues tenían apenas para el pan.

el flaco sonrió
yo ordené una cerveza para él.
el sabor de la carne
sobre el desfiladero
lindes de nuestras manos
sin importarnos el porvenir.

mojaba sus labios con el líquido frío.
los desfiladeros de la noche
engendraron nuestra parquedad.
oficios tenues, precauciones varias
para opinar sobre cualquier asunto, sigilo.
venía del ejército y acababa de cumplir los veinte años.

la gente parloteaba palabras vanas,
no me reconocía en sus miradas
en ellas había algo de rencor.
pretendían no entender la manera tan soberbia
en que el sujeto reía para mí.

es hermoso tener a quien nos despida
en la noche tarda.


2

todo comienza mediante una mirada.
el reflejo de la marea
en sus ojos.
recorre todas las noches
los mismos sitios
sin destino fijo.
una mirada en la noche sin luna,
posición de los ojos en la intención
de mirar. insistencia,
cruce de sus ojos.
mirada veleidosa que produce desolación.

el paso de los autos sin intermitencia
me deja saborear su sonrisa.
recostado a la pared
juega a traducir los silencios
invitaciones, resplandor
de lo violeta [en su mirada].
fulgor que exhala de sus manos,
necesidad de prender el cigarro
la torpeza de algún transeúnte que se detiene
mirándonos. va al grano
y sólo recoge impaciencia, hastío, sequedad.

he intentado hacerle una proposición de ir a otro sitio,
pero sabemos que sólo volveremos a encontrarnos
en la memoria
en las borrosas letras de un poema posterior.


Los comedores de papa. retrato vesperal

sobre una pintura de Van Gogh

si me retrataras sorbiendo las gotas de café
ascensión del humo y postura de los labios
alrededor de la tasa de barro.
el ciclo consiste en poner
la tasa sobre la madera que figura una mesa.
otear el suelo hasta encontrar la colilla de cigarro, encenderla.

lámina vesperal
mezcla de grises para que se expresen por mí,
por mi sombra.
fuesen su seguidilla, mi infuso animal.

lo presentía de este modo
cuando trazaba Los comedores de papa
«retrato» que prescinde del modelo
para tatuar desde el temor de la carne su abatimiento.
dibujos de borrachos y prostitutas, cortejos fúnebres,
poetas y homúnculos y buhoneros.

padecemos la cosecha mediante el color.
Van Gogh predicaba y pintaba
asistiendo al misterio de la revelación.

la cosecha depende del azar
tanto como la disposición de los colores
el uso de las palabras
el ruido de los goznes en la puerta.
ecos lejanos trazados sin pretensión de historiar
palabras yendo contra el aliviadero.

si me retrataras sorbiendo las gotas de café
podrías entender por qué el gesto de los comedores
parte de una rotunda precisión sobre la pobreza.

vean en sus ojos, su tenue resplandor
la brizna de sus manos sobre el utensilio de barro
sopesen la inflexión de las voces sin palabras, sin natura.
saetas, hombres que comen en secreto
dibujos no carentes de significado ni de oquedad.


Almuerzos en Bauta

algún día existiremos
gracias a nuestra exigua imagen
en un daguerrotipo.
pasmosa figura recostada al muro
sobre el que otros descansarán
y donde el lente ahora se disuelve.

mirando la fotografía
donde algunos origenistas están dispuestos
en torno a la mesa.
distinguidos, en su ritual oblongo
alrededor de la cerveza y el carbón y la aceituna.

un día en Bauta, pueblo reminiscente,
historiado por un ojo precursor y tímido,
casi prosaista.

el padre Gastelu abandona la liturgia
se ladea para que la luz participe del botín.

la mesa con mantel, pececillos de la tarde.
de qué hablarán los origenistas,
con qué acento tratar al huésped
que no habrá de colmarlos nunca.
para quién la foto, el gesto descreído de Lezama
su adalid y su hosca ternura,
atacado por la iridiscente luz.

una tarde, un breve almuerzo
acompañados de las aves que gustan de la salutación.
así han sucedido muestras mejores cosas:
un domingo, en un pueblo cualquiera.


De El libro de cocina de la escritora Alice B. Toklas

1

nacido en 1970
descreído zodiacal
de padres polacos
desaliñado degustador de anécdotas (de poca monta).
pasaba todo el día en el café
vestido de blanco aguardando por la guerra.

campo sembrado de espárragos y amapolas
cartas organizadas por orden de remisión,
motivos suficientes para el crimen.

bajo el almendro cuando nos despedimos
así tu brazo para invitarte a los tugurios.
se puede vivir desde la mesa del café
sin intermitencias charlando,
sintiendo los ladridos de los perros
desde el infinito susurrante.

nuestras desnudeces nos delatarán
aunque confiemos, todavía, en la metafísica
como el hombre de la modernidad.

2

el corredor de la vivienda
debía valorar el pequeño apartamento
con salida a la calle, la lámpara de luz fría
que otorga cierta notoriedad.
casa con zaguán alquilable
y sala para la televisión.

puedo semejarme a Altazor
personaje que amaba las máquinas ruidosas y deformes;
cuando por fin logré subirme a una de ellas
aterricé sin emoción, me dolió el peso del equipaje,
turista accidental, deseaba regresar a Cuba
volver como un hombre que no sale del bar
del conocido sabor del café.

abro la revista Orígenes
que reza “número de otoño” en su cubierta.
un gesto, nuestra intromisión
en la vida de otros
necesidad de poseer soluciones
elegantes para ciertos asuntos.

el número de otoño
de la revista Orígenes
salido a deshora
para que creyésemos
en el devenir de la estación,
en el eterno retorno.

leyendo un libro [de recetas] de cocina
de una escritora llamada Alice B. Toklas
aprendí algo sobre la inspiración.

3

bello nombre que tienes, Gertrude.
iba por el boulevard y leía
sobre tu intento de escribir a deshora
con palabras archiconocidas,
las mismas que pronunciamos
cuando nos dirigimos al bar.

comenzaremos por amueblar la casa
el sillón de mimbre donde me sentaré a leer;
la casa cuando no sea un sitio trunco,
inventado sueño de hormigón.
no se puede vivir en la literatura.
¿no, Gertrude?
¿se puede o no?

vienes por los Campos Elíseos
como una reina del brazo de Alice.
actúas como un personaje suyo
con toda naturalidad. fumas
piensas como un paria
te recuestas a escribir,
sórdidamente,
como el que no pretende nada de la vida,
ni de la literatura.
qué bello nombre tienes Gertrude

qué bello nombre el de Gertrude Stein.


4

piedra filosofal.
adorar la figura del poeta Lezama Lima
si supiera qué palabra elegir
detrás de la palabra ya derrotada
esconder el asma en la impaciencia de su respiración.

el restaurador de las cabezas prefiere la de los griegos
imagen del auriga de Delfos
encontrada sobre tablilla de cera
convidándonos a pensar en los avatares del ser,
idea ontológica y rudimentaria.

encontremos un sitio al maestro
en algún parque de La Habana,
ciudad onomatopéyica.
él cocinaba exquisitamente
yo suelo practicarlo sin devoción alguna.

si supiera qué palabra elegir
detrás de la palabra ya expresada
caminaría con displicencia envidiando la perfección.

nacido en 1970/descreído zodiacal/de padres polacos...
a